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139 - Bip bip.

21 feb 2019

- ¿No te parece irónico que las personas hoy en día fabriquen todo con microchips? - Dijo el robot.

A través de descargas, de ceros y de unos, se comunican, se relacionan, y bit a bit, como si fuesen extraños ladrillos invisibles puestos unos encima de otros, construyen un muro de plasma que les impide verse a si mismos. Es extraño, y a la vez triste. Como hormigas que en vez de en tierra, fabrican su hormiguero rascando una masa ingente de gelatina.
Por mucho que puedan cavar esos túneles, la armonía de la estructura nunca es la misma. No se siente igual al tacto, no huele a arena, no se vuelve cálida con el calor ni te empapa de humedad en el momento en que se empieza a hacer de día.

Desde que nacen, crecerán pensando que el día de mañana cesaran sus miedos. Que su ansiedad, frustraciones, desamores, envidias, pasiones y aburrimientos, madurarán con los años. Que vencerán. Que serán mejores. Y cuando creen que han aprendido a regularse... ¡PuMm! CorTooOoCirrCUitan. Se dicen - aún no - y sencillamente continúan.


Las hormigas construyen sus hormigueros en arena.
Las personas construyen sus metas en microchips.
Por eso las hormigas tienen que levantar 7 veces su peso.
Por eso las personas tienen que levantar 7 veces su ánimo.

Bip bip.

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Zona: ♥ Historias cortas

138 - Cuando te cuentas cuentos.

3 abr 2018

Siempre iré tres cuentos por delante para dormirte mejor,
para que en tus guerras, aún sin sangre, tus soldados sean de plomo.
Tendré cientos de cajas de cerillas cuando la reina de las nieves piense en dejarte fría,
y cual espejito mágico te diré guapa hasta cuando no te sientas cisne.
Plantaré tus huesos desquiciados en un bonito jardín si te obligan a limpiar la grasa del fondo del horno. Y volverás a revivir, como nueva, como si nunca te hubiesen dado manzanas envenenadas.
Venderé mis botas mágicas si así vuelves a contar tus historias más de mil y una noches.
Para que vuelvas a transformar en oro todo lo que percibes.
Porque no necesitas un hada, ni zapatos de cristal, ni calabazas, ni palabras mágicas para que el miedo al folio en blanco tenga una brecha y se derribe.
Sólo la voz de un narrador, y mira por donde, eres tú la que se escribe.

Así lo dijo Merche Owl a las 0:28 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas

136 - No-Repeat

23 nov 2017

A veces pasa que eso no es la primera vez que te lo dicen *o se lo dices*,
y aunque a su vez es nuevo, sigue sin serlo del todo.
Como si estuvieras *o estuviera* enganchado-a una rutina.
Como si eso en parte te mantuviese a salvo.
Y en parte nos parece raro. Porque suena diferente.
Pero es lo que crees que necesitas oir.
Al menos un poco más.
Porque se acaba. Y es como una larga despedida.
Porque duele. O porque ha dolido.

Así lo dijo Merche Owl a las 0:26 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas, Personal

132 - La edad del bedel.

14 oct 2016

Aquella noche fría en Darfel el único sonido que resultaba apreciable era el del viento y las gotas de lluvia que golpeaban suavemente contra las hojas de los árboles. Junto a la ventana, Panith observaba tranquila aquel fenómeno meteorológico que desde pequeña le resultó intrigante a la vez que hermoso. En su ciudad natal raramente se daba, y siempre fue un signo de mal augurio, puesto que impedía prender las piras con las que realizaban sus ritos religiosos.

Alargó sus dedos con curiosidad para sentir la humedad de las gotas, cuando la puerta de la cabaña se abrió provocando un chirrido estruendoso que la pilló por sorpresa, y en un acto reflejo apartó la mano rápidamente como si acabase de realizar algo malo.

Al girarse, su mirada chocó con unos ojos azules y helados, casi blancos como el cristal.
 - No sabía que te gustase tanto la lluvia Panith.

Su maestro siempre se presentaba de forma inesperada y nunca lo escuchaba llegar. A veces podía pasar semanas enteras fuera de la aldea sin dar señales de vida, y continuamente se preguntaba a dónde iría o qué clase de cosas haría ahí fuera.
A pesar de los años que había convivido con él, Dogma seguía siendo un completo misterio para ella. Cada vez que le preguntaba algo al respecto, la única contestación que recibía por su parte era una cariñosa sonrisa y alguna frase evasiva que invitaba a cambiar de tema, así que se había dado por vencida con eso.

- Simplemente me preguntaba cómo sería tocarla. - La joven se encogió de hombros y volvió a mirar por la ventana.
- ¿Y por qué no salimos fuera un rato? Sólo es una breve llovizna. - Y soltó una débil risa.
La joven miró a su maestro perpleja, como si acabase de decir una estupidez.
-¿Pero... puedo? - Y Panith recordó con angustia aquel día en el que casi muere de hipotermia por el simple hecho de caer a un río. Desde entonces no llevaba bien su miedo por el agua y las bajas temperaturas. Sabía que por su extraña naturaleza lo que para otros era un simple baño a ella podría dañarla para siempre.
- No hace tanto frío fuera, y sólo sabrás si puedes si lo intentas, ¿no?

Por un momento Panith dudó y se sintió insegura, pero a la vez su cara reflejaba una profunda emoción. Quería saber cómo sería que el agua cayese desde el cielo sobre su cuerpo. Se levantó con predisposición a atravesar la puerta y miró con decisión a su maestro para que éste la acompañase.

- ¡Ahhh! - De repente las gotas comenzaron a golpearla aleatoriamente. Era agradable y en parte le resultaba divertido. - ¡Mira, estoy completamente empapada! - Panith estaba feliz. A ojos de su maestro parecía como si volviese a ser una niña.
- Me alegro de que te guste la sensación. Antes dentro de la cabaña se te notaba un tanto ausente.
- Sólo estaba pensando.
- ¿Y en que pensabas?
- Pensaba en muchas cosas.

En ese momento Panith miró a su maestro. Estaba sentado en el césped, callado, contemplando inmóvil la oscuridad del paisaje, y su mirada se perdía en la inmensidad del infinito. A pesar del hielo que dejaban ver sus ojos, siempre tenía una sonrisa en la cara. Siempre permanecía calmado y tranquilo. Se fijó más detalladamente en los rasgos de su cara. Eran suaves, casi perfectos. ¿Por qué siempre que volvía de sus viajes y después de tantos años los recordaba igual?

- Me gustaría hacerte una pregunta... - Su maestro se giró hacia ella, con aire curioso. - Nunca me has dicho cuántos años tienes.
- Eso no es una pregunta Panith, es un hecho.
- ¿Cuántos años tienes?

El maestro se puso de pié y le sonrió jovialmente.
- Muchos muchos más de los que llevabas tú sin que te hubiese llovido encima, eso seguro. Deberíamos volver dentro. No estaría bien que te resfriases. - Y entró en la cabaña.

Panith antes de entrar miró al cielo un tanto decepcionada, pero el sentimiento se esfumó al ver cómo caían las gotas una a una hacia la tierra en aquella noche de invierno.



Cuando Lillium despertó, aquel trozo sueño sólo era un trozo de historia nublado y confuso que no conseguía hilar ni entender... Como si fuese un fragmento de cuento o una pieza de puzzle que pertenecía a otra persona que no conocía.


Más Crónicas de Eöl 




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Zona: ♥ Historias cortas, Crónicas De Eöl

131 - La naturaleza de la bestia

20 sept 2016

No te fíes de mi aparente impaciencia, porque yo he visto los monstruos que juegan contigo al escondite.

Cuando se acuesta a tu lado y descansa plácidamente, nunca sueña contigo.
Son lobos, con piel de cordero temporalmente domesticados. Lobos que no dudarán en morderte llegado un momento dado. Es la naturaleza de la bestia. Y tratar de cambiar eso sólo traerá tu ruina.
Lo salvaje nunca puede ser tratado como animal de compañía. Puedes intentar acercarte, de apresarlo... pero cuando lo consigas, tu egolatría, felicidad, y tu sentirte especial te hará caer en la vil trampa: la del cazador cazado.

Te harán creer que tu plan ha salido bien desde el principio, ¿sabes? hasta que quieran devorarte. Y te convertirás en una triste marioneta, en un juguete masticable roto, en un corderito más del rebaño... Bendita inocencia si piensas que a ti nunca te harían daño.

Al fin y al cabo es como el ciclo sin fin. Lo mismo tienes la suerte de no enterarte nunca de qué va el cuento, Caperucita.

Pero nunca te fíes de mi aparente impaciencia...
Porque yo he visto los monstruos que juegan contigo al escondite.

Así lo dijo Merche Owl a las 1:37 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas

126 - De los sitios nuevos donde crear nuevas malas costubres.

25 ene 2016

Había algo de bonito en aquella inexplicable fe.
Recuerdo alguna noche de verano como si fuera ayer mismo, cuán triste y desgarradora melodía la del mar chocando contra las piedras que hacía eco en mi pesada y pasada soledad.

Visto desde fuera sólo era una niña pequeña sentada al lado de una ballena de piedra gigante de madrugada. Visto desde dentro sólo era una niña que se sentía super pequeña sentada al lado de una ballena de piedra gigante de madrugada.
No fue la última vez, ni mucho menos, ni la primera.

Llegaron otras primaveras, y conservando las costumbres de quien no pierde las malas costumbres, volví frecuentemente a mi sitio preferido donde sin juicios ni castigos podía escribir en el mármol del cetáceo con rotuladores permanentes. Qué tontería que los llamaran así... "rotuladores permanentes". La humedad siempre hacía el trabajo sucio de dejar por mentiroso al nombre.
Las pintadas aproximadamente duraban 3 semanas contadas, que ya era más de lo que me aguantaba un color fijo de pelo en la cabeza.

La mujer del muelle de San Blas era un personaje infinitamente penoso si lo comparabais conmigo. Había algo de bonito en aquella inexplicable fe, la cual fui perdiendo con el paso de los meses. Se desgastaba como desgastaban las olas al romper en las rocas de aquella playa, dando pie a una soledad mucho más oscura y diferente.

No había fiesta, alcohol, polvos, mujeres bonitas, drogas, amigos, tiempo o dinero que valiesen lo que valía la eternidad de aquella espera, de ese algo que sabías que no iba a llegar pero que era mejor comprobar por si acaso. Pero yo eso no lo sabía entonces.

Como todo hecho irracional cometido, pasó factura. Desgastada esa fe, dejé de ir a mi sitio preferido, y comenzaron tiempos en los que no me sentí cómoda en ninguna parte. Cuestioné otras de mis fes en otras cosas. De haber estado allí, la mayoría se habrían ahogado también en esa playa... pero como no estaba, tan solo se esfumaron en el aire.

Reconozco que no fui muy fuerte, así que tuve que hacer nuevos amigos, y conocí a Cipralex. Creo que por aquel entonces lo único que sentía aparte de una extrema apatía era un minúsculo pálpito de tristeza: la de no poder soñar nada cuando dormía.
No volví a ir a la ballena de piedra. Ya no significaba nada.

Poco a poco empecé a motivarme y encontré sitios diferentes que empezaban a crear mis nuevas malas costumbres a las que aferrarme: Había un tranquillo en mi jardín donde me gustaba sentarme a fumar, una parada de autobús que no estaba en funcionamiento donde nunca había nadie, un banco de un parque que había cerca de casa donde podía ver a jugar a los niños pequeños, y una estructura cuadrada y hueca de cemento al lado de un lago, donde al atardecer siempre reflejaba el sol. Este último me gustaba especialmente.

No creía que estuviera esperando de nuevo porque eso si que eran sitios alejados de la mano de Dios. Nuevos "mis sitios", y dieron paso al principio de la cura.
Como iba sola pasaba mucho tiempo en silencio. Me empecé a llevar a aquellos sitios cosas con lo que matarlo: Libretas de dibujo y un estuche, libretas que no eran de dibujo, la cámara de fotos, más rotuladores permanentes... Empecé a dibujar, escribir, echarle fotos a farolas (a día de hoy sigo haciéndole fotos a farolas por hobby), a curarme. Pero yo eso no lo sabía entonces.

Empecé a sonreír por cosas estúpidas. Aunque estaba completamente sola ya no me sentía mal. Nada pudo ser peor que no soñar al dormirme, me acostumbré, lo acepté, oh aceptación... Conseguí terminar bien la selectividad y comencé a tomar con ilusión la idea de mudarme. Me despedí de Cipralex para siempre. Ya no nos volvimos a ver más. Volví a soñar por las noches. Buenos o malos, eran sueños, y era fantástico.

¡En la nueva ciudad pasaron un montón de cosas! Recuerdo esos primeros años como los mejores y los más felices de toda mi vida, no los olvidaré jamás. Nadie me conocía, podía ser quien yo quisiera ser, y eso era increíble. Me hicieron compañía muchas personas en el camino, que eran muy diferentes al tipo de personas que yo conocía antes. Luego me enamoré, jugué una partida larguísima, la perdí, persistí, lo pasé como el puto culo, pero eh, hasta ahora en esta historia nunca ha sido nuevo que yo no aprenda a base de hostias.
En ese entonces tuve el puerto, el banco de pensar al lado de un palo de borracho, las escaleras de mi portal y la puerta de un centro comercial donde me sentaba sobre las 3 de la mañana. Aunque esta vez la diferencia fue, que el golpe no llegó a hundirme del todo en ninguna playa. Floté un poco. Un poquito... Pero yo eso no lo sabía entonces.

Terminados mis estudios volví a casa otra vez, y todo fue a mejor.
Volví a la ballena después de años y me reconcilié con ella y conmigo misma, volví al banco del parque donde seguían jugando los niños pequeños, que ahora eran otros. Volví a la parada de autobús, la cual ya si estaba en funcionamiento. Volví al lugar de mi jardín donde me gustaba fumar, pero esta vez sin la mirada perdida, sino mirando a las tortugas...
Volví a la estructura cuadrada y hueca de cemento al lado del lago, donde al atardecer siempre reflejaba el sol. Bueno, la estructura cuadrada ahora era un bar de cóckteles, y me tomé un mojito de menta con un amigo. Y no hubo fiesta, alcohol, polvos, mujeres bonitas, drogas, amigos, tiempo o dinero que valiesen lo que valió esa mini eternidad. Pero yo eso no lo sabía entonces.

¿Y ahora? Ahora estoy en otra ciudad nueva, donde nadie me conoce y puedo ser quien yo quiera ser, pero he de decir que, si entonces no sabía todas esas cosas, ahora SI las sé, y voy a ser yo, porque aunque en este texto se vean reflejadas cosas que me han hecho sentir perdida o me han dado miedo, a día de hoy, puedo decir que por fin me siento orgullosa de ser quien soy en realidad, y no hay fiesta, alcohol, polvos, mujeres bonitas, drogas, amigos, tiempo o dinero que valgan lo que vale mi autoestima, mis ilusiones, mis ganas de crecer y de aprender más. Estoy muy contenta y orgullosa de estar convirtiéndome en la encina que quiero ser y de la satisfacción que me aporta este crecimiento personal.

Y todavía no tengo "mis sitios" nuevos aquí donde crear nuevas malas costumbres...
Pero ya los encontraré.



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Zona: ♥ Historias cortas, Personal

124 - Como en una canción...

23 jun 2015


Es extraño recordarte como un cuento, como algo que pasó hace mucho tiempo después de tantos insomnios, tantos momentos. Y es difícil aceptar que no estás enfadada, que ya ha llovido mucho desde aquellas tostadas que preparabas a las tres de la mañana, de los tiempos felices, de las miradas tristes… de las subidas, de las bajadas, de echar raíces.



¿Sabes?, ojalá el miedo sólo hubiese sido ir en esa bicicleta que estaba un tanto obsoleta, pensar si te gustarían mis tetas o si al ir a verte me encontrarías guapa con dos coletas. En si compartiríamos pasiones parecidas, si te molestaría el humo de los cigarros, si serías exigente conmigo o mis comportamientos se te antojarían extraños, pfff, pues no me rallé en pocos segundos lo que podría haberme rallado en años…



A veces pienso en quienes éramos cuando nos conocimos y en el trayecto que recorrimos hasta llegar a ser estos seres en los que nos convertimos. Pienso en los gritos, en mis rarezas, en tus mentiras, en mi flaqueza… En cuando le dábamos de comer a las ardillas, en la primera vez que hicimos natillas, en las navidades que estábamos lejos, en las que no sabían igual las peladillas.



Recuerdo cuando me dejaste encerrada en tu casa por San Valentín. Cuando en esa misma fecha de otro año me descartaste. En la primera vez que lloré por ti y me quise morir. En la primera vez que me besaste…



Quizás no acabamos de la mejor manera, pero tuvimos una historia. Ten con seguridad quieras o no que formarás parte toda mi vida de mi memoria.

Y aunque ya no podamos dirigirnos la palabra después de la última cerveza que me tomé en aquella barra, lo bonito finalmente fue, que podríamos haber sido como una letra de Radiohead. Que puede ser tatareada, una y otra vez.

Así lo dijo Merche Owl a las 3:50 1 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas, Personal

123 - El álbum.

19 may 2015


- Llevas días sin decirme nada.
- Tal vez es porque estoy enfadada contigo.
- ¿Pues sabes qué he estado haciendo estos días?... acabar tu regalo, ¡el álbum de fotos! (...) ¿Y ahora por qué lloras?
- ¡Joder! Pues porque me importa una mierda que acabes el álbum. Eso no es importante. Tú... Tú no estabas ¿vale? Llegué hecha una puta mierda y tú no estabas. Y estoy harta, porque siempre ha sido así, siempre haces igual, y cuando me pregunten qué es importante para mi, no me gustaría sacar un álbum de fotos y apuntar con el dedo a una de las fotografías. Quiero poder apuntar al otro lado de la habitación y poder decir "allí está", pero eso tú no lo entiendes.

Así lo dijo Merche Owl a las 3:45 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas

122 - El señor Parkinson.

3 may 2015

¡DIN! Lo habían pillado con las manos en la masa, lo sabía, y sólo por un centímetro. Mira que repetía el proceso día tras día con total precisión, pero esa mañana andaba más nervioso de lo normal y le tembló la mano.

¡Joder, mierda, demonios! Cualquier blasfemia que pudo salir por su boca fue poca cosa. Ya no había nada que hacer, el click en el corazoncito se había hecho real y la notificación llegaría en cualquier momento, aunque lo quitase. Obviamente lo despidieron por hacer mal su trabajo, y su cargo no es que fuera poca cosa, aunque realmente lo que le preocupaba era acabar muerto. Una semana se tiró soñando con rusos que iban tras él, pero es que joder...

¿A qué clase de militar estadounidense se le ocurre abrirse un Instagram en plena Guerra Fría para stalkear al enemigo? ¿Acaso no se lo merecía?

Así lo dijo Merche Owl a las 2:26 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas

120 - Querida amiga

24 feb 2015

Querida amiga,
¿Dónde nos hemos metido? Casi puedo verte en otro otoño, ni caliente, ni frío. Y sé que me equivoco cada vez que te escribo, pues hace más daño el paso de los años que el hecho de habernos convertido en los típicos seres plenamente deconocidos, que se conocen perfectamente, que mantenemos escondidos. Todavía no sé por qué hice qué, y qué no hice. Y si callé, fue por no haber sabido ver del todo bien tus cicatrices, igualitas que las mías, en total simetría.

No es algo que se cure, solo aprendes a vivir con ello. Y aun así de vez en cuando te preguntas ¿Qué estará haciendo? ¿Será feliz? ¿Se acordará de mi? Ojalá que no. O de ser así, hacerla reír, con algún recuerdo absurdo. Para romper el verso con violencia.

¿Cuántos años han pasado? ¿7? ¿8? Creo que he perdido la cuenta. Y joder, estas metida en un cajón de mi cabeza y sigues siendo una de mis terapias de emergencia. Tócame el piano, mándame a la mierda.
Quizás no fuera tan vergonzoso si no supiera donde encontrarte y hablarte para volver a conocerte. Tal vez sea porque es el recuerdo más perfecto. O porque todavía me debes un collar de garbanzos... qué se yo, maldita sea.

Así lo dijo Merche Owl a las 5:17 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas, Personal

118 - La autobiografía del millón de simoleons

5 feb 2015

"Eran toneladas de lechugas pochas que escondían un inconfesable secreto..."

Así empecé mi novela, a pesar de que aquella combinación de palabras me resultara un tanto absurda de primeras. Pensándolo fríamente, ni siquiera era una frase digna de ser relatada por cualquier encocada jamelga moradora de bares a los que nunca iría a las 5 de la mañana cuando todos los demás sitios ya han cerrado, pero fue lo único que se me ocurrió. Y quizás en ese momento nunca le diera importancia, pues todo comenzó siendo un hobby, pero chicos, aquel libro fue un best seller de los tochos. Y no de los relativamente tochos... fue algo grande, inmenso, jodidamente apoteósico y brutal. Jóvenes de todas partes del mundo hacían colas casi kilométricas para que les firmase la primera página del libro, es más, tenía un puto ejército de fontaneros titulados a mi merced en el equipo porque el porcentaje de fans que se emocionaban más de la cuenta al escribirle una dedicatoria era inconmensurable. Pero no todo iba a ser tan gratificante. No después de todo lo que pasó...

Y ya ves, aquí estoy, desenfadada, escribiendo la primera página de mi autobiografía. Una triste historia que muchos se atreverían a leer pero que muy pocos serían capaces de entender en su plenitud.

Así lo dijo Merche Owl a las 2:11 2 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas

116 - El final del principio.

3 ene 2015

"Entonces se dio cuenta de que todas las reglas que existían y que daban sentido al orden del universo, habían dejado de tener sentido. Por lo menos para él.
La vida de Panith se desvanecía, y esta vez no podía hacer nada para traerla de vuelta. Vida tras vida, existencia tras existencia, la hoguera de su alma parecía ahora una cerilla. Una cerilla que nunca debería apagarse. No quería, y se sintió ridículo, porque entendía mejor que nadie la naturaleza de las cosas, del fuego, y aun así, no se conformaba con aceptarla.

- Dogma, tengo mucho frió, y hacía años que no sentía frió.
Postrada en su trono de piedra le sonreía, mientras lloraba. 
Y le dolía. 

Fue en ese momento, en ese dolor, cuando todo se rompió, y se sumió en un caos interior tan profundo como todos aquellos conocimientos que retuvo durante El Tiempo, ahora destrozándose en un torbellino de desesperación, tristeza y odio, porque comprendió la impotencia, el amor, la humanidad, y fue consciente de su propio egoísmo, el egoísmo de mantenerla vida tras vida, y se miró desde fuera habiendo cambiado totalmente el concepto que tenía de sí mismo. No lo había comprendido hasta entonces, pero Dogma se había convertido en un ser tan parecido a los humanos que ya no tenía un lugar fijo en la jerarquía que regía la disposición natural. Jamás volvería a tener un hueco entre los dioses. Y decidió suicidarse como tal.

- Tranquila pequeña, allá donde vayas tendrás tu fuerza, tu fuego, y esa sonrisa.
- ¡Dogma no!, ¿qué vas a hacer?, déjame morir... Hazlo por ella. Por tu descendencia...

Pero Dogma, cerrado en su idea de humanidad, no le hizo caso, y sacrificó la mitad de su poder para salvar a Panith, convirtiéndola en una Rusth. Una semidios. Una condenada a Dráia y a la auténtica eternidad.

Panith, ahora llamada Lillium, se enfrentaba a su nuevo nacimiento en Dráia, mientras que a Dogma... Nadie volvió a ver a Dogma. Hasta hoy..."


Así, de estos hechos, surgió la religión Dogmiana y la religión del fuego, ahora enfrentadas hasta el final de los días.

Los dogmianos, buscarán sin cesar a la hija nacida de Dogma y Panith, a la que llaman "el ángel guardián de los suicidas" para atraer a Dogma, al que consideran vivo para que éste les ayude en su lucha.

Mientras, la religión del fuego cree con total firmeza que Panith acabó con la vida de Dogma, y que invocar el fuego de su descendencia sería la solución para eliminar al resto de dioses que habitan la superficie.




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Zona: ♥ Historias cortas, Crónicas De Eöl

115 - El último cuento de Arielle.

4 nov 2014

Nadie supo por qué, pero una mañana Arielle se despertó y dejó de contar cuentos. ¡Pop! una expliosión de palomita, y la pequeña parte del cerebro que hacía esa función quedó voluntariamente desactivada. Quizás los cuentos eran su verdadera vida, quizás ahora solo quería el standby, dejar de ver su niña interior del parque. Quizás quería ver como era una vida sin mentiras. Pero ¿Qué es la vida sin mentir? ¿Qué sería de ellos sin la ciencia ficción? Porque el cine son mentiras. Y la música es mentira. Y hasta los juegos son mentiras. Porque los cuentos son mentiras. Y nos hacen sentir mejor...

Y lo que ella no supo nunca fue, que la que salió perdiendo no fue ella. Porque a todos les encantaban los cuentos de Arielle, y quedaban prendados de la magia que desprendían, porque eran entrañables y bonitos, y todos los querían escuchar. Pero ella ya no. Y los suicidó. Porque ella era la única que sabía... que esos cuentos eran de verdad.

¿A que todo puede paraceros una pena? pero ch... No se puede borrar lo que no está escrito, y todos y cada uno de los cuentos que contaba solo estaban dormidos. Los androides que cazaban mariposas en la luna. Las palomas que comían granos hechos de aceituna.

Lo mismo solo estaba cansada de tan costosa tarea. Aunque no lo parezca, es muy dificil poder contar historias que merezcan la pena. Y se esforzaba al máximo, tal vez solo necesitase descansar. En ocasiones es super difícil hacer felices a los demás.


No veréis llorar a Arielle, pero a la de dentro si, porque es una niña pequeña deseando que le cuenten cuentos antes de dormir. Lo mismo es que ahora os toca a vosotros escribirlos por mi.


Pero eh, que no hay condena sin regalo, y antes de partir salió de sí otro texto que tampoco quedaría grabado. Decía así:

Érase una vez, una pequeña colina cubierta de alfombras de pelico. Era un pelico de ese que no puedes parar de tocar aunque sepas que estás haciendo el tonto con los dedos de los pies. Por eso siempre iban descalzos. ¿Quiénes? Pues dos cerditos muy bonitos, blanquitos y blanditos, aunque uno de ellos era un poco más chiquitito que el otro.
Efectivamente. Uno se llamaba Mister Pringless y el otro Babi. 
Mister Pringless siempre decía que eran hermanos, pero Babi le decía que no, que no eran hermanos, y se podían tirar la tarde bromeando sobre ello tomando tazas de té.
Era un curioso panorama contemplar a los cerdillos con sus pezuñitas rodeando las tazas de té mientras sorvían.

Un día, Babi quiso hacer un viaje y salir de la colina de alfombras, y Mister Pringless que siempre cuidaba del otro le dijo que era una estupenda idea. Así que marcharon felices por el campo sin saber a donde iban.

El mundo era tan grande y ellos tan pequeños que al ir andando recorrieron miles de kilómetros, sin percatarse de que su hogar quedaba muy atrás y que probablemente no sabrían volver. Pero les daba igual, porque estaban muy contentos y cada cosa que veían era totalmente nueva. 
Cruzaron ríos, vieron campos repletos de amapolas, y hasta pasaron por delante de un volcán sin ningún tipo de miedo. Pero un día, el camino empezo a hacerse muy largo, sobre todo para Mister Pringless. Estaba un poco cansado de andar y se sentó en una roca. Empezó a encontrarse mal y a tener muuuucho calor, porque el sol pegaba fuerte, y le entró fiebre.
Babi lo vió y se ofreció a traerle agua, así que raudo y veloz se dispuso a encontrar un riachuelo cercano. Lo que pasa es que Babi era super torpe de nacimiento. Era un curioso don que le había dado el Dios de los cerdos (ya hablaremos otro día de los misticismos de la piara), y se tropezó unas cuantas veces por el camino haciendo que la desesperación por encontrar agua solo fuera más fuerte. 

Mister Pringless al ver que Babi no llegaba se sintió muy solo, y la fiebre que tenía fue a peor, hasta que pensó que estaba muy muy enfermito... Y de golpe y porrazo una gran tristeza empezó a consumirlo conforme pasaron las horas y su malestar y cansancio fue en aumento hasta sentirse jamón. Nadie sabía qué pudo pasar por la cabeza de Mister Pringless. ¿Era miedo o valentía? pero decidió empezar a andar por ese mundo grande para sentirse mejor, o encontrar un hospital. En el fondo Mister Pringless sabía cuidarse muy bien y aunque os haga un pequeño spoiler ¡al final no le pasa nada malo!

Babi cuando volvió y vió que no estaba lloró por un momento. La verdad es que el momento duró bastante mucho, de hecho se hizo de noche mientras lloraba y en el mundo este imaginario cuando se hacía de noche duraba mucho más tiempo del habitual. En el fondo él sabía que Mister Pringless era un cerdo de cuidado y que podría apañarselas muy bien, pero eso no quitaba el hecho de que él había propuesto emprender ese viaje y se sintió un poco culpable. Babi tenía el maldito don que le había dado el Dios cerdo y no estaba muy acostumbrado a recorrer varios senderos sin tropezarse, pero se armó de valor y pensó que si seguía alli en la roca no llegaría a ningua parte. 
Sin embargo, por cada una de cal te daban una de arena, y el Dios cerdo también le había dado a Babi otro don un poco más positivo. Y es que sabía ver muy bien los puntitos que brillaban en el cielo. 
Recordó sus clases de astronomauta, y con sus patitas cortas recorrió miles de caminos teniendo al menos una referencia. 

Babi, con su torpeza y su alegría, con su tristeza y su melancolía descubrió miles de lugares preciosos. Otros que daban miedo. Y se cruzó con muchas personas que le ayudaron a seguir su particular viaje nocturno, en el que tropezaba pero siempre se acababa levantando. Menuda cabezonería tenía Babi cuando se proponía algo.
Otras personas malas también quisieron engañar a Babi, pero eso solo consiguió que Babi se hiciera mucho más fuerte y sabio, otorgándole así más conocimientos que podría usar en su recorrido diario.

Babi nunca dejó de mirar hacia arriba durante el trayecto, por eso no se dió cuenta de que un día le había dado la vuelta al globo entero, y para su sorpresa, llegó hasta una colina cubierta de alfombras de pelico. Era un pelico de ese que no puedes parar de tocar aunque sepas que estás haciendo el tonto con los dedos de los pies. Y para su sorpresa, sin querer, se empezó a hacer de día con otro nuevo amanecer, y allí en lo más alto, había una mesita... donde alguien que había estado esperando durante años, acababa de preparar un té.

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Zona: ♥ Historias cortas, Arielle

112 - El 30

2 oct 2014

Parece que fue ayer cuando veíamos amanecer. Cuando veíamos las estrellas. Yo solo era una cría.
Pasábamos las tardes haciendo la curva, descansando la espalda en la marquesina mientras las obras nunca acababan y nos reíamos de que el autobús ya nunca llegaba.
Mis cadenas no pesaban, hablábamos de absurdeces, de chorradas, de aquel bus sin parada.
Miles de veces me pregunté a que esperaba, cuando las tardes tornaban frías y ansiaba las llamadas que ya nunca venían, de cerrar las cicatrices de mordiscos que sangraron y parecía que aún ardían.
Era el sitio. De fumar cuando aún nadie lo sabia, de tomarnos las cervezas que a menudo con dos tragos se bebían. Cuando destrozada por mil mierdas familiares allí huía, y como superhéroes al rescate a buscarte siempre alguien acudía.
Pasando las horas. He estado sola. Sola y acompañada. He visto lluvias y algún foco pongamos de una moto que a menudo se rompía. He visto viejos paseando que tropezaban y caían, palomas que acechando migas súbitamente enloquecían.
Y chucherías. "La del unicornio"... como a veces le decían.

Y aún esperan, porque era la metáfora perfecta, la ironía que se materializa y que todo el mundo detesta. La sensación de vivirlo a tu manera, de preguntar y no obtener respuesta, de pasar calor y frío teniendo siempre las manos abiertas. Era el treinta.

Y arreglaron las aceras, pero cuando llega el verano aún no tapa la sombra. Si es que desde el principio ya sabíamos que estaba defectuosa. Ahora solo es de ida, pero no está loca. Cambiaron el recorrido, y ahora solo lo coges cuando te toca.

Pero es el sitio. Todos tenemos nuestra parada de autobús. Alguno que cogemos a menudo, o a diario. A la que vamos aunque no tengamos ni puta idea del horario. Y es que aunque de esa ciudad ya te has ido, todavía recuerdas los momentos que has vivido. Las cortas esperas que te han llevado a tu destino.

En la ciudad del viento, donde está mi suelo, mi cielo, mi acento. La parada de las alegrías y los lamentos. Donde siempre pasan las horas, pero no el tiempo.

Así lo dijo Merche Owl a las 14:52 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas, Personal

111 - En el baile de máscaras

23 jul 2014

En el baile de máscaras,
pasaban las horas,
mientras danzaban con gracia las telas de sus ropas...
era una bella fiesta,
pero nadie bebía de su copa.

Bufones sedientos padecieron antaño,
ahora todo el mundo creía ser el más sabio,
y aunque el peligro acechando,
estaba en cada esquina,
ansiaban subir, 
a lo alto, a la cima.

Ser de la jet set no te daba dinero,
te ofrecía poder controlar el mundo entero.
Más sólo los listos lograban llegar...
Porque ahora todos,
Querían jugar.

Y a tí,
¿Te gusta bailar?

En el baile de máscaras...

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Zona: ♥ Historias cortas

110 - Dogma.

25 may 2014





De pronto el mundo vibró ante ella. Una sensación la dejaba completamente desnuda ante la inmensidad del universo. Podía notar una mirada profunda que se hincaba sin compasión como una bala a 4 metros de distancia sobre su nuca. El giro duró un segundo, pero su bloqueo mental en ese momento pareció durar una eternidad. Y ocurrió. Lillium pestañeó sin ser consciente de que una única y desolada lágrima recorría su mejilla lentamente.

El individuo se hallaba sentado en una mesa al fondo de la taberna. Cubría su rostro cabizbajo con una capucha y a simple vista parecía un trotamundos de lo más normal. Solo un gesto con un dedo la invitó a sentarse junto a él... magnético, implacable. Al subir la cabeza todos los temores y dudas que albergaba Lillium desaparecieron dando paso a una cara llena de tristeza y tranquilidad. No podía comprender que su cuerpo de Ruhst recreara emociones tan sumamente humanas. 

Se sentó, le miró fijamente a los ojos, y tembló. Tras un largo silencio lleno de sentimientos encontrados una voz ocre, dulce y cálida le susurró a través de Dráia.

- Panith... me he enamorado tantas veces de ti en tantas vidas distintas que ahora ni siquiera me hace falta saber tu nombre. Ya ha pasado demasiado tiempo... 

¿Por qué quiero llorar? Los Ruhst no lloran... Yo no era Panith, o sí, o no... ¿Qué me estaba pasando?

- Me has traído tantas veces de vuelta, a tantos lugares y momentos diferentes, que ya no me importa en qué me he convertido, ni cuál es mi misión en esta historia, ni siquiera a quién he de salvar ni cuándo he de morir. No puedo dormir, tengo flashes de cosas que han vivido otras personas, no puedo comer, y hace siglos que olvidé la sensación que me reportaba notar el viento del invierno en mi piel cuando era solo una persona humana. Vivo entre dos franjas tan diferentes, tan juntas, tan separadas... que la única forma de mantener estable lo que soy ahora, era pensar que algún día volvería a ver esos ojos azul cristal.

- No debiste recordarlos. De hecho no debiste recordar nada de eso Panith, algo salió mal. Escúchame, Dráia era la única solución, era la única forma de salvarte y eliminar tu existencia anterior, no podía traerte más de vuelta, la vida tiene su límite y nosotros lo sobrepasamos hasta el extremo.

- ¡¿Por qué no me dejaste morir?! ¡¿Por qué he tenido que pasar por esto?!

- Porque tú me lo pediste aunque no puedas recordarlo. Algún día te lo mostraré, pero ese día aún está muy lejos. Tienes demasiadas cosas que aprender, demasiadas situaciones por las que pasar, y demasiadas cosas que descubrir por ti misma. Pequeña, en tu nueva vida ahora solo eres un bebé, no sería justo para ti obligarte a crecer deprisa. Has de madurar como Ruhst, porque solo tú puedes completar nuestro sueño.

Estaba perdida. Perdida en sus ojos, en sus palabras. La cabeza le daba vueltas. Solo quería saber... comprender...

- Dogma, si es así como te llaman, por favor... cuéntame quien soy y si es cierto lo que dicen los escritos.

La reacción de la joven le provocó una leve sonrisa. Hacía mucho tiempo que nadie se dirigía a él así, de forma directa. Hablar de Dogma implicaba pronunciar un nombre exiliado, repudiado y alabado a partes iguales, siempre respetado fuera y dentro de la burbuja. Hablar de dogma acarreaba planteamientos peligrosos, fueras de la raza que fueras. Siendo un Dios la respuesta equivocada a la pregunta podía costarte el exilio, y siendo Humano, la muerte. Todos preferían evitar el tema y fue cayendo en el olvido tras su desaparición.

- No sé que dicen esos escritos aunque siempre he sido aficionado a la lectura, aun así, puedo contarte una historia. Mi historia. 

Yo era un Dios joven, importante dentro de mi clan, uno de los más poderosos de toda la superficie. Hablamos de una era en la que los Dioses empezaron a perder el contacto con la humanidad, los inicios de la separación total. Solo un grupo de Dioses menores seguía bajando de vez en cuando a la profundidad para infundir temor, recibir halagos o sentirse importantes demostrando su superioridad natural, alguien tenía que seguir divulgando la jerarquía y las normas de este mundo a los mortales. Yo era su alto mando y supervisor, así que aunque no me importaban demasiado el resto de especies, tenía que bajar. 

El tiempo pasaba y la sociedad Diossana se asentó completamente. Todo el esfuerzo que suponía bajar empezó a ser innecesario puesto que los humanos ya habían aceptado su destino y estaban puramente concienciados de las leyes natural. El mundo era regular, las profundidades ya no importaban lo más mínimo. Entonces para mi, conforme fueron pasando los milenios, todo se volvió aburrido e insustancial.  Es curioso, de ser humano siempre me habría preguntado qué hace un Dios cuando se aburre si no baja a jugar con lo que ha creado. 

Yo bajaba a la tierra para realizar la misma tarea que los aristócratas humanos cuando observan sus hormigueros de cristal en los estantes de sus vitrinas, como los artistas observan cuadros abstractos buscando su significado. En mi caso, mi hormiguero preferido estaba en Gradflam, un poblado situado en una llanura repleta de ríos. Lo curioso del lugar es que algunos de los aldeanos habían conseguido domar el fuego mediante magia. Empecé a obsesionarme con ese sitio y cambié mi aspecto al de un humano normal para integrarme más fácilmente y observar de cerca, pero era incapaz de disimular mi color de ojos característico, así que me hice pasar por un viajero de Eöl, ya que sus habitantes poseen el color ocular más parecido al nuestro dentro de lo que cabe. 

Un día, paseando cerca de la orilla de uno de los ríos más apartados de la ciudadela, me detuve a mirar qué hacía una niña de aproximadamente 5 o 6 años. Tenía el pelo rojo y un aspecto vivaracho, como el resto de los críos de su edad. Prendió fuego unos matorrales que había cerca. Eso llamó mi atención porque no utilizó ningún tipo de cerilla. Las mujeres no podían aprender ignición, a nivel natural es una magia imposible de realizar para ellas, al igual que los hombres no podían parir bajo ningún concepto. Acababa de ver probablemente lo más interesante en millones de años dentro de los errores de la naturaleza humana y no podía perderme la continuación. 

Cuando se percató de mi presencia, su primera reacción fue correr, acababa de realizar algo que estaba muy mal y solo temía el castigo. Apagué el fuego de forma poco ortodoxa, corrí tras ella y fácilmente la atrapé, estaba llorando, pero intenté calmarla un poco.

-¿Cómo te llamas pequeña? Prometo no hacerte daño ni diré nada de lo sucedido ¿ves? ya está apagado.
- Panith señor.
- Panith, lo que acabas de hacer está muy mal. No puedes ir por ahí quemando cosas o durarás viva menos de lo que uno de esos yras que crían en tu comarca. ¿Me comprendes?
- Si señor, no lo volveré a hacer.
- Panith escucha, voy a contarte un secreto. Eso que sabes hacer... no lo sabe hacer mucha gente más. Tienes que guardarlo en secreto, o te matarán. No puedes hacer uso de él. 

En el fondo la niña me importaba poco, pero era mi fuente de entretenimiento principal por un rato. 30, puede que 40 años... total, qué son 40 años en la vida de un Dios. Sin embargo ver el partido no era lo mismo que jugarlo, así que me comprometí a participar en él. La enseñaría a utilizar su error natural y así podría divertirme un poco. Nadie notaría una pequeña ausencia por allí arriba. 

Así lo dijo Merche Owl a las 18:14 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas, Crónicas De Eöl

109 - Paro en la decoración cielar.

15 feb 2014



Cuando somos niños, nuestros padres son especialmente sensibles a nuestras molestas acciones y suelen decirnos qué tenemos y qué no tenemos que hacer. De hecho, ésta sensibilidad suele convertirse en un vicio que, en ocasiones continúa hasta… pongamos por decir algo, “Siempre”. 

Y de eso va precisamente esta historia, de cómo gracias a la responsabilidad de un padre mandón  y de un niño desobediente la vida en la tierra es tal y como la conocemos ahora mismo.

La casa de Benjamín por increíble que parezca, estaba situada en lo alto de la atmósfera. Sé que es raro, pero era así. Tenía mucho espacio para corretear, pero era absurdo porque deslizarse por la nada sin que ocurriera algo emocionante no le aportaba ningún tipo de satisfacción. No podía hacer casas con toallas y sillas en el jardín puesto que allí no había tal cosa, ni vecinos con hijos con los que jugar. En resumen, podemos decir que Benjamín se aburría como una auténtica ostra, así que su mayor afición no era otra más que la de darle el coñazo a su padre, el viejo Will, trabajador empedernido y escultor de nubes a tiempo parcial. Podemos decir que Will era un profesional de la decoración cielar entre otras muchas cosas y su trabajo le impedía mudarse a otro lugar más cómodo para la vida familiar.

Benja era un chaval bastante hiperactivo, cosa que ponía de los nervios al pobre Will. Su divina esposa ya no estaba junto a él para echarle una mano y para ayudarle con la enseñanza del crío. El caso es, que el pobre diablo al cumplir los 6 años de edad, cogió la costumbre de colarse en el lugar de trabajo de su padre y rebuscar por todas partes objetos interesantes con los que pasar el rato.

-        -  ¿¡Ya estás otra vez haciendo trastadas, niño!? ¡Deja las cosas de papá! ¡No toques eso!
Cada vez que su padre le daba una reprimenda, los motivos para continuar realizando aquello aumentaban con creces. Ojalá hubiera descubierto antes ese chute de adrenalina. Desde entonces, Benjamín se interesó en hacer todas aquellas cosas que no debía. Bueno, tenía solo 6 años, no conocía otras formas de ser rebelde, por lo que decidió día tras día tocar todo aquello que le estaba prohibido.

Un día, observó que había una caja metálica en la pared del despacho. Estaba oxidada y parecía que no se había abierto durante siglos… sería muy interesante descubrir los secretos que dentro de la caja se hallaban. Cogió un palo con el que hacer palanca, y ¡Zas! La caja se abrió.
Solo había un botón de color rojo.

Acercó suavemente el dedo hacia él y éste hizo “click”. Las nubes que tanto costó a su padre fabricar empezaron a moverse de un sitio a otro, unas más lentas, otras más rápidas, creando así un nuevo fenómeno nunca visto hasta entonces, y tras él, como desencadenante surgieron muchos fenómenos más.

El mundo es culpa de un niño de 6 años, pues solo él tuvo el valor de pulsar el botón del viento. 

Ya no se aburrirá más. Pobre papá... dicen que ahora no tiene que trabajar más.

Así lo dijo Merche Owl a las 1:26 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas

106 - Y es que todo está inventado

22 mar 2013

- "Ya no saben qué inventarse" no es correcto. Conforme vamos creciendo, vemos cómo nos venden productos novedosos cuya única novedad es que tienen una denominación diferente, y es curioso, porque a veces las cosas que nos venden o las cosas que descubren los científicos estaban ahí desde el principio de los tiempo... pero claro, alguien le pone un nombre a esa cosa, y se lo vende a la sociedad como algo totalmente "nuevo", ¡Viva!. No hay nada nuevo, las personas por complejas que parezcan siempre siguen unas normas, unos patrones emocionales, formas de comportarse cíclicas y evolucionan según la dirección que consideren oportuna haciendo que cambien en poca medida pero, seguro que todos tenemos un exnovio/a por ahí que después de un tiempo y sin necesidad de fijarte demasiado, acaba haciendo con su nueva novia exáctamente lo mismo que hacía contigo, y puede que incluso use las mismas expresiones tipo "bomboncín" o "cuchi-cuchi", como sea. Al igual que, existen esa clase de amigos que, con frecuencia, sustituyen unos amigos de toda la vida por "otros amigos de toda la vida" y hacen exactamente las mismas cosas que hacian antes, y que te voy a contar de la familia, seguirán tratándote como un fracasado toda tu vida si no te comportas de una manera normal... en fin.

- Parece que esté hablando de su vida, ¿está bien doctora Dallien?...

- Si, no es nada, bueno, creo que ya ha terminado la sesión, puede abandonar la sala.

- Adios doctora Dallien.

Jennifer abandonó la sala. Jamás volvió. Se dio cuenta de que su Psiquiatra estaba más tocada que ella de la cabeza.



Así lo dijo Merche Owl a las 16:32 4 Comentarios  

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