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132 - La edad del bedel.

14 oct 2016

Aquella noche fría en Darfel el único sonido que resultaba apreciable era el del viento y las gotas de lluvia que golpeaban suavemente contra las hojas de los árboles. Junto a la ventana, Panith observaba tranquila aquel fenómeno meteorológico que desde pequeña le resultó intrigante a la vez que hermoso. En su ciudad natal raramente se daba, y siempre fue un signo de mal augurio, puesto que impedía prender las piras con las que realizaban sus ritos religiosos.

Alargó sus dedos con curiosidad para sentir la humedad de las gotas, cuando la puerta de la cabaña se abrió provocando un chirrido estruendoso que la pilló por sorpresa, y en un acto reflejo apartó la mano rápidamente como si acabase de realizar algo malo.

Al girarse, su mirada chocó con unos ojos azules y helados, casi blancos como el cristal.
 - No sabía que te gustase tanto la lluvia Panith.

Su maestro siempre se presentaba de forma inesperada y nunca lo escuchaba llegar. A veces podía pasar semanas enteras fuera de la aldea sin dar señales de vida, y continuamente se preguntaba a dónde iría o qué clase de cosas haría ahí fuera.
A pesar de los años que había convivido con él, Dogma seguía siendo un completo misterio para ella. Cada vez que le preguntaba algo al respecto, la única contestación que recibía por su parte era una cariñosa sonrisa y alguna frase evasiva que invitaba a cambiar de tema, así que se había dado por vencida con eso.

- Simplemente me preguntaba cómo sería tocarla. - La joven se encogió de hombros y volvió a mirar por la ventana.
- ¿Y por qué no salimos fuera un rato? Sólo es una breve llovizna. - Y soltó una débil risa.
La joven miró a su maestro perpleja, como si acabase de decir una estupidez.
-¿Pero... puedo? - Y Panith recordó con angustia aquel día en el que casi muere de hipotermia por el simple hecho de caer a un río. Desde entonces no llevaba bien su miedo por el agua y las bajas temperaturas. Sabía que por su extraña naturaleza lo que para otros era un simple baño a ella podría dañarla para siempre.
- No hace tanto frío fuera, y sólo sabrás si puedes si lo intentas, ¿no?

Por un momento Panith dudó y se sintió insegura, pero a la vez su cara reflejaba una profunda emoción. Quería saber cómo sería que el agua cayese desde el cielo sobre su cuerpo. Se levantó con predisposición a atravesar la puerta y miró con decisión a su maestro para que éste la acompañase.

- ¡Ahhh! - De repente las gotas comenzaron a golpearla aleatoriamente. Era agradable y en parte le resultaba divertido. - ¡Mira, estoy completamente empapada! - Panith estaba feliz. A ojos de su maestro parecía como si volviese a ser una niña.
- Me alegro de que te guste la sensación. Antes dentro de la cabaña se te notaba un tanto ausente.
- Sólo estaba pensando.
- ¿Y en que pensabas?
- Pensaba en muchas cosas.

En ese momento Panith miró a su maestro. Estaba sentado en el césped, callado, contemplando inmóvil la oscuridad del paisaje, y su mirada se perdía en la inmensidad del infinito. A pesar del hielo que dejaban ver sus ojos, siempre tenía una sonrisa en la cara. Siempre permanecía calmado y tranquilo. Se fijó más detalladamente en los rasgos de su cara. Eran suaves, casi perfectos. ¿Por qué siempre que volvía de sus viajes y después de tantos años los recordaba igual?

- Me gustaría hacerte una pregunta... - Su maestro se giró hacia ella, con aire curioso. - Nunca me has dicho cuántos años tienes.
- Eso no es una pregunta Panith, es un hecho.
- ¿Cuántos años tienes?

El maestro se puso de pié y le sonrió jovialmente.
- Muchos muchos más de los que llevabas tú sin que te hubiese llovido encima, eso seguro. Deberíamos volver dentro. No estaría bien que te resfriases. - Y entró en la cabaña.

Panith antes de entrar miró al cielo un tanto decepcionada, pero el sentimiento se esfumó al ver cómo caían las gotas una a una hacia la tierra en aquella noche de invierno.



Cuando Lillium despertó, aquel trozo sueño sólo era un trozo de historia nublado y confuso que no conseguía hilar ni entender... Como si fuese un fragmento de cuento o una pieza de puzzle que pertenecía a otra persona que no conocía.


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116 - El final del principio.

3 ene 2015

"Entonces se dio cuenta de que todas las reglas que existían y que daban sentido al orden del universo, habían dejado de tener sentido. Por lo menos para él.
La vida de Panith se desvanecía, y esta vez no podía hacer nada para traerla de vuelta. Vida tras vida, existencia tras existencia, la hoguera de su alma parecía ahora una cerilla. Una cerilla que nunca debería apagarse. No quería, y se sintió ridículo, porque entendía mejor que nadie la naturaleza de las cosas, del fuego, y aun así, no se conformaba con aceptarla.

- Dogma, tengo mucho frió, y hacía años que no sentía frió.
Postrada en su trono de piedra le sonreía, mientras lloraba. 
Y le dolía. 

Fue en ese momento, en ese dolor, cuando todo se rompió, y se sumió en un caos interior tan profundo como todos aquellos conocimientos que retuvo durante El Tiempo, ahora destrozándose en un torbellino de desesperación, tristeza y odio, porque comprendió la impotencia, el amor, la humanidad, y fue consciente de su propio egoísmo, el egoísmo de mantenerla vida tras vida, y se miró desde fuera habiendo cambiado totalmente el concepto que tenía de sí mismo. No lo había comprendido hasta entonces, pero Dogma se había convertido en un ser tan parecido a los humanos que ya no tenía un lugar fijo en la jerarquía que regía la disposición natural. Jamás volvería a tener un hueco entre los dioses. Y decidió suicidarse como tal.

- Tranquila pequeña, allá donde vayas tendrás tu fuerza, tu fuego, y esa sonrisa.
- ¡Dogma no!, ¿qué vas a hacer?, déjame morir... Hazlo por ella. Por tu descendencia...

Pero Dogma, cerrado en su idea de humanidad, no le hizo caso, y sacrificó la mitad de su poder para salvar a Panith, convirtiéndola en una Rusth. Una semidios. Una condenada a Dráia y a la auténtica eternidad.

Panith, ahora llamada Lillium, se enfrentaba a su nuevo nacimiento en Dráia, mientras que a Dogma... Nadie volvió a ver a Dogma. Hasta hoy..."


Así, de estos hechos, surgió la religión Dogmiana y la religión del fuego, ahora enfrentadas hasta el final de los días.

Los dogmianos, buscarán sin cesar a la hija nacida de Dogma y Panith, a la que llaman "el ángel guardián de los suicidas" para atraer a Dogma, al que consideran vivo para que éste les ayude en su lucha.

Mientras, la religión del fuego cree con total firmeza que Panith acabó con la vida de Dogma, y que invocar el fuego de su descendencia sería la solución para eliminar al resto de dioses que habitan la superficie.




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110 - Dogma.

25 may 2014





De pronto el mundo vibró ante ella. Una sensación la dejaba completamente desnuda ante la inmensidad del universo. Podía notar una mirada profunda que se hincaba sin compasión como una bala a 4 metros de distancia sobre su nuca. El giro duró un segundo, pero su bloqueo mental en ese momento pareció durar una eternidad. Y ocurrió. Lillium pestañeó sin ser consciente de que una única y desolada lágrima recorría su mejilla lentamente.

El individuo se hallaba sentado en una mesa al fondo de la taberna. Cubría su rostro cabizbajo con una capucha y a simple vista parecía un trotamundos de lo más normal. Solo un gesto con un dedo la invitó a sentarse junto a él... magnético, implacable. Al subir la cabeza todos los temores y dudas que albergaba Lillium desaparecieron dando paso a una cara llena de tristeza y tranquilidad. No podía comprender que su cuerpo de Ruhst recreara emociones tan sumamente humanas. 

Se sentó, le miró fijamente a los ojos, y tembló. Tras un largo silencio lleno de sentimientos encontrados una voz ocre, dulce y cálida le susurró a través de Dráia.

- Panith... me he enamorado tantas veces de ti en tantas vidas distintas que ahora ni siquiera me hace falta saber tu nombre. Ya ha pasado demasiado tiempo... 

¿Por qué quiero llorar? Los Ruhst no lloran... Yo no era Panith, o sí, o no... ¿Qué me estaba pasando?

- Me has traído tantas veces de vuelta, a tantos lugares y momentos diferentes, que ya no me importa en qué me he convertido, ni cuál es mi misión en esta historia, ni siquiera a quién he de salvar ni cuándo he de morir. No puedo dormir, tengo flashes de cosas que han vivido otras personas, no puedo comer, y hace siglos que olvidé la sensación que me reportaba notar el viento del invierno en mi piel cuando era solo una persona humana. Vivo entre dos franjas tan diferentes, tan juntas, tan separadas... que la única forma de mantener estable lo que soy ahora, era pensar que algún día volvería a ver esos ojos azul cristal.

- No debiste recordarlos. De hecho no debiste recordar nada de eso Panith, algo salió mal. Escúchame, Dráia era la única solución, era la única forma de salvarte y eliminar tu existencia anterior, no podía traerte más de vuelta, la vida tiene su límite y nosotros lo sobrepasamos hasta el extremo.

- ¡¿Por qué no me dejaste morir?! ¡¿Por qué he tenido que pasar por esto?!

- Porque tú me lo pediste aunque no puedas recordarlo. Algún día te lo mostraré, pero ese día aún está muy lejos. Tienes demasiadas cosas que aprender, demasiadas situaciones por las que pasar, y demasiadas cosas que descubrir por ti misma. Pequeña, en tu nueva vida ahora solo eres un bebé, no sería justo para ti obligarte a crecer deprisa. Has de madurar como Ruhst, porque solo tú puedes completar nuestro sueño.

Estaba perdida. Perdida en sus ojos, en sus palabras. La cabeza le daba vueltas. Solo quería saber... comprender...

- Dogma, si es así como te llaman, por favor... cuéntame quien soy y si es cierto lo que dicen los escritos.

La reacción de la joven le provocó una leve sonrisa. Hacía mucho tiempo que nadie se dirigía a él así, de forma directa. Hablar de Dogma implicaba pronunciar un nombre exiliado, repudiado y alabado a partes iguales, siempre respetado fuera y dentro de la burbuja. Hablar de dogma acarreaba planteamientos peligrosos, fueras de la raza que fueras. Siendo un Dios la respuesta equivocada a la pregunta podía costarte el exilio, y siendo Humano, la muerte. Todos preferían evitar el tema y fue cayendo en el olvido tras su desaparición.

- No sé que dicen esos escritos aunque siempre he sido aficionado a la lectura, aun así, puedo contarte una historia. Mi historia. 

Yo era un Dios joven, importante dentro de mi clan, uno de los más poderosos de toda la superficie. Hablamos de una era en la que los Dioses empezaron a perder el contacto con la humanidad, los inicios de la separación total. Solo un grupo de Dioses menores seguía bajando de vez en cuando a la profundidad para infundir temor, recibir halagos o sentirse importantes demostrando su superioridad natural, alguien tenía que seguir divulgando la jerarquía y las normas de este mundo a los mortales. Yo era su alto mando y supervisor, así que aunque no me importaban demasiado el resto de especies, tenía que bajar. 

El tiempo pasaba y la sociedad Diossana se asentó completamente. Todo el esfuerzo que suponía bajar empezó a ser innecesario puesto que los humanos ya habían aceptado su destino y estaban puramente concienciados de las leyes natural. El mundo era regular, las profundidades ya no importaban lo más mínimo. Entonces para mi, conforme fueron pasando los milenios, todo se volvió aburrido e insustancial.  Es curioso, de ser humano siempre me habría preguntado qué hace un Dios cuando se aburre si no baja a jugar con lo que ha creado. 

Yo bajaba a la tierra para realizar la misma tarea que los aristócratas humanos cuando observan sus hormigueros de cristal en los estantes de sus vitrinas, como los artistas observan cuadros abstractos buscando su significado. En mi caso, mi hormiguero preferido estaba en Gradflam, un poblado situado en una llanura repleta de ríos. Lo curioso del lugar es que algunos de los aldeanos habían conseguido domar el fuego mediante magia. Empecé a obsesionarme con ese sitio y cambié mi aspecto al de un humano normal para integrarme más fácilmente y observar de cerca, pero era incapaz de disimular mi color de ojos característico, así que me hice pasar por un viajero de Eöl, ya que sus habitantes poseen el color ocular más parecido al nuestro dentro de lo que cabe. 

Un día, paseando cerca de la orilla de uno de los ríos más apartados de la ciudadela, me detuve a mirar qué hacía una niña de aproximadamente 5 o 6 años. Tenía el pelo rojo y un aspecto vivaracho, como el resto de los críos de su edad. Prendió fuego unos matorrales que había cerca. Eso llamó mi atención porque no utilizó ningún tipo de cerilla. Las mujeres no podían aprender ignición, a nivel natural es una magia imposible de realizar para ellas, al igual que los hombres no podían parir bajo ningún concepto. Acababa de ver probablemente lo más interesante en millones de años dentro de los errores de la naturaleza humana y no podía perderme la continuación. 

Cuando se percató de mi presencia, su primera reacción fue correr, acababa de realizar algo que estaba muy mal y solo temía el castigo. Apagué el fuego de forma poco ortodoxa, corrí tras ella y fácilmente la atrapé, estaba llorando, pero intenté calmarla un poco.

-¿Cómo te llamas pequeña? Prometo no hacerte daño ni diré nada de lo sucedido ¿ves? ya está apagado.
- Panith señor.
- Panith, lo que acabas de hacer está muy mal. No puedes ir por ahí quemando cosas o durarás viva menos de lo que uno de esos yras que crían en tu comarca. ¿Me comprendes?
- Si señor, no lo volveré a hacer.
- Panith escucha, voy a contarte un secreto. Eso que sabes hacer... no lo sabe hacer mucha gente más. Tienes que guardarlo en secreto, o te matarán. No puedes hacer uso de él. 

En el fondo la niña me importaba poco, pero era mi fuente de entretenimiento principal por un rato. 30, puede que 40 años... total, qué son 40 años en la vida de un Dios. Sin embargo ver el partido no era lo mismo que jugarlo, así que me comprometí a participar en él. La enseñaría a utilizar su error natural y así podría divertirme un poco. Nadie notaría una pequeña ausencia por allí arriba. 

Así lo dijo Merche Owl a las 18:14 0 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas, Crónicas De Eöl

Sesenta y tres: Fragmento de Crónicas de Eöl =)

27 nov 2010

Dejo un trocito de texto que escribí para relajarme después de un examen hace unos días.
Pertenece a la zona de textos de Crónicas de Eöl (aunque no sigue el orden de los capitulos que hay en este blog... está muy por encima de ellos pero bah, no importa) ^^
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Lóreöl miraba de reojo cuando podía (disimuladamente) hacia la mesa de madera que se situaba al fondo de la habitación. Mientras, enfrente de él, Kora le explicaba contra-hechizos arcanos, pero estaba alerta. Quería escuchar la conversación que estaban manteniendo Lillium y aquel hombre con capucha cubierta de material antivisión, pero una extraña fuerza se lo impedía.

A su vez, Kora (que por muy mago que hubiese sido en su vida anterior no estaba ahora perspicaz con el asunto y no le dejaba tranquilo) le transmitía verbalmente su sabiduría arcana. Lóreöl no le estaba escuchando. Tenía otra cosa más importante que hacer, como por ejemplo, estudiar el comportamiento de su protectora, ahora vulnerable.

Parecía más humana que nunca, y entonces un alijo de esperanza volvió a aparecer en él después de la desmoralizadora charla que tuvo con ella en los días pasados. Por otra parte, que fuese en esa situación le enfadaba demasiado. Se lo había contado, pero nunca la había visto actuando así...
De no ser por el aura mágica que flotaba en su ambiente, hubiese creído que Lil era una persona normal... aunque, no era solamente su aura la que se encontraba en la habitación, dejando de lado a Kora.

Después de media hora en la sala principal de la posada, siendo avasallado por palabras de Kora y no poder verle la cara al otro interlocutor mudo, Lóreöl se hartó.

- ¡Llevo notando desde hace rato el talismán de agua cristalizada que lleva!...
- Jajajaja, no te preocupes. Si hubiese querido matarla lo habría hecho ya.
- Ah, ¿que estabas pendiente?
- ¿Te crees que soy tan imbécil como para dejarla sola ante algo así? A ti te parecerá increíble, pero Lillium solo lleva menos de mil años en estado de tránsito desde que su "yo humano" murió. Es prácticamente un bebé y no sabría defenderse ante eso.
- (...) Están hablando mentalmente, ¿verdad? No puedo oírlos. ¿Por qué no puedo hacerlo Kora? Creo que es por tu culpa... ¿Por qué no me dejas oír lo que dicen?
- Porque te crees que por ser un magucho principe de un continente entero ya puedes ir por ahí escuchando conversaciones de semidioses, y te queda mucho por aprender. Hay situaciones donde no tienes que entrometerte. Ya te dije que dejaras con sus asuntos a Lil, que aún no estás preparado para entenderlos.
- Lillium me contó cómo murió, pero era mentira. Press después me contó la historia de verdad. Toda, toda... la historia... Me explicó porqué ahora Lil es como vosotros y, porqué cuidais tanto de ella.
- Algún día le partiré la cabeza con mi báculo al maldito de Press, por bocazas. Nuestras historias no tienen que importarle a alguien como tú, por muy indispensable que seas ahora mismo. Puedes seguir investigando cosas que no te corresponden, joven principe...pero lo pasarás mal. Los humanos no sois capaces de aceptar que siempre saldréis perdiendo en esta historia.

- También he oído quienes son los portadores de agua cristalizada. Seré humano, pero sabes que puedo ver cosas que otras personas no ven y sé que ese hombre de ahí, no es un semidiós... Es Dogma, ¿me equivoco? Su talismán de agua cristalizada no solo tiene el símbolo de la religión Dogmiana, sino que el agua que contiene no es agua normal. Lo veo a través de la tela, en su bolsillo izquierdo. Se tapa la cara con material antivisión pero no algo de tal calibre como el talismán... no necesita protegerlo.
- Lóreöl...  Dogma murio, nadie sabe cómo, pero lo hizo.
- ¡¡Me enseñasteis que no se puede matar a un Dios!! ¿Cómo coño entonces sabemos que no es ese tío? ¡Si estoy viendo el talismán! ¡Eso no lo tiene ni un humano ni un semidios! ¡Tienes que comunicarselo a Farsfel...! ¡Tienen que hacer algo!
- Y no se puede matar a un Dios, pero que vivan eternamente y que no se puedan matar, no quiere decir que no puedan morirse. Me alegra ver cómo tu capacidad de visión ha mejorado tanto Lóreol, te lo digo de verdad. Del talismán... me ocuparé dentro de un rato. Pero Lóreöl, ese no es Dogma. No es ni una milésima parte de lo que era Dogma.

Así lo dijo Merche Owl a las 19:17 7 Comentarios  

Zona: ♥ Historias cortas, Crónicas De Eöl

Veintisiete: Escenifiquemos un poco.

12 ago 2010



Así lo dijo Merche Owl a las 0:08 10 Comentarios  

Zona: Crónicas De Eöl

Diecinueve: Crónicas de Eöl (II)

22 jul 2010

Ya de paso, con la segunda entrega de la historia, anuncio que MAÑANA ME LARGO A DUBLÍN, (pero tengo wifi gratis XDDDDD Ya contaré cosicas :D),  por si acaso no tengo mucho tiempo, aviso de que en una semana estoy en casa again, para volver a irme XDDDD
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 C. II- El Espejo
 

 "Ascendió con dificultad las escaleras. Por más que pasara el tiempo jamás se acostumbraría a esa sensación que invadía todo su cuerpo y ni siquiera él sabía cuál era el motivo. No lo comprendía, pero no era algo que asustase al joven príncipe. Ese calor incomprensible impropio del clima de Eöl no era natural, de eso estaba seguro."

Una vez más esa sala. Era una semicircunferencia de paredes forradas por mármol azul celeste con símbolos desconocidos tallados en blanco. Cuadrados, círculos con flechas... parecían mensajes de otro tiempo que había intentado estudiar por todos los medios, pero no encontraba la información por ninguna parte para desvelar el secreto que escondía aquel extraño lenguaje. El suelo, totalmente blanco, reflejaba las siluetas de todo aquel que entrase. En definitiva, el sitio más raro que podría encontrarse allí, (y encontrarse, se decía a sí mismo de forma literal, ya que para alguien que ve todo, encontrar algo es muy sencillo... ) todo lo que puede ver, claro está, pero esta era la excepción que confirmaba la regla. Aun así, la rareza de esa sala no era precisamente de que estaba compuesta, sino de lo que se encontraba en ella.

Un espejo, largo, alto e intocable se hallaba al fondo de la sala. Con mirada profunda, dirigió su vista hacia el espejo, pero no vio nada más que su reflejo. Por un momento, con una rápida mirada entrecortada y de reojo, observo su melena grisácea y la palidez inhumana de su rostro, la cual caracteriza a los magos reales de su familia. Se sentía orgulloso de ella. Pero olvidó su imagen cuando las cosas no se encontraban como normalmente debían estar. Duró solo una fracción de segundo.

- ¿ Dónde te has metido? Ya sabes que no puedo verte por las buenas, así que sal de donde estés.
Nada apareció.

- No es una orden, es que te he traído lo de siempre.

No pudo evitar sonreír. En parte le era muy estúpida y cómica la situación...

- No tengo ni idea de cómo haces para salir de ahí ni si te alimentas como el resto del mundo, pero está claro que las fresas te encantan porque nunca están al día siguiente. Hace calor, no me puedo quedar mucho rato porque aquí no funciona nada de lo que yo pueda hacer...

Entonces notó el calor abrasador que empezaba a emanar el espejo, cuando una cara tímida asomándose por la esquina dejaba mostrar unos ojos color rojo rubí. Blanca como la nieve, la expresión de su cara parecía decir que le había reconocido. Entonces salió y se puso frente a él con una juguetona sonrisa en la cara.

Era como una muñeca de porcelana, delicada como una telaraña, tranquila como la brisa del verano... y no parecía tener más de veinte años, pero quién sabe el tiempo que llevaría allí. No se parecía a nada y a nadie. Su cabello, era de un color inexistente. No era blanco ni gris, simplemente su pelo carecía de tonalidad. Él, el día que lo vio por primera vez supuso que si fuese una persona normal el que mirara, vería cualquier otro tono. Era una musa callada. Nunca le dijo nada, pero sus gestos hablaban por ella y en parte, siempre escuchaba mostrándose amigable. Observando, con mirada felina y sentada en las losas de su sala paralela, que formaba la otra parte del círculo totalmente en simetría, parecía entender todas las cosas que le enseñaban, pero no podía articular ni una palabra.

- ¿Te las dejo aquí enfrente del cristal vale?

* Sonrisa*

- ¿Cómo sales de ahí, me lo vas a decir?

* movimiento negativo con la cabeza.

- Está bien. ¿Sabes quién soy no?, nunca te lo he contado pero...

No dijo más.

* movimiento positivo de cabeza y posteriormente, inclinación hacia la izquierda hacia el hombro, observándole de arriba abajo, acompañado de un agacharse infantil mirando al suelo, riendo de oreja a oreja*

- No puedes reírte de un príncipe.

De pronto, sintió que se mareaba y que necesitaba salir de allí como fuera. Ella pareció notarlo y sabía lo que estaba pasando. Seria y dura, con un gesto, señaló la salida.

- Espero que te gusten... pero entre el calor y que ya están aquí otra vez no puedo quedarme más.

A duras penas, salió de la habitación y volvió por el camino del bosque al castillo.

Así lo dijo Merche Owl a las 2:36 11 Comentarios  

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Dieciocho: Crónicas de Eöl (I)

21 jul 2010

Retomando las viejas costumbres:

Bueno, en el otro blog tenía una historia (2 caps) que estaba escribiendo y la dejé de lado no se por qué, la verdad es que me gustaba y la quiero retomar, por lo que voy a volver a subir los trozos que tengo hechos por si alguien quiere engancharse y la continuaré de vez en cuando ( ya sabéis, mis venazos literarios). Comencemos pues, por el principio.

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 C. I- La cúpula

Dicen que el clima de Eöl siempre fue frio. Que las flores de hielo en esos infinitos jardines de la montaña reflejan la luz del sol si miras desde arriba y, probablemente, te lleguen a cegar, exceptuando a aquellos que ya están acostumbrados.
Le gustaba mirar desde su cúpula translúcida, situada en lo más alto de la más alta torre. Era una burbuja perdida en la inmensidad de un lujoso castillo en las afueras, situado  en la inmensidad de un cielo interminable. Una ventana lejos de todo, donde a la vez, todo era visible.
Nadie se atrevió nunca a entrar en la habitación del príncipe, ni si quiera los encargados de mantener limpio todo. Estaba prohibido pasar a pesar de no ser una norma impuesta. Tal vez por respeto, tal vez por miedo. Nadie quería saber que era lo que se escondía allí. En realidad, desde fuera era una parte más del castillo. Nadie podía ver a través de ella. Solo desde dentro se hacía la magia y solo unos pocos podían hacerlo, ya que los ciudadanos de Eöl estaban muy dispersos y la mayoría solo vivía para sus funciones o empleos. Descontando la casa real, y algún que otro curioso ciudadano que sirvió a la nobleza, casi nadie conocía el secreto que escondían los Shees, cristales de un valor incalculable caracterizados por un brillo asombroso, de un color azul celeste metalizado. Y quien conocía aquel secreto y cómo beneficiarse de él, callaba. No debía extenderse. Y por supuesto, él era uno de ellos.
Un buen poseedor del don que le hace ver todo y cuanto quiere no sería digno de mencionar si revelara el secreto que lo hace único. Un príncipe, que algún día gobernaría aquellas tierras no podía pronunciar la palabra Shee en público...  y aunque lo hiciese, nadie sabría de que está hablando.
 Si, era muy triste gozar de toda la belleza que una persona puede poseer y no poder compartir ese secreto con nadie... Pero ya no le importaba porque desde que era muy joven, fue criado para ser un rey perfecto, para dirigir un ejército y triunfar sobre todos sus enemigos. Un rey que llevara a Eöl a la cima en la escala de poder mundial, y esa no era una tarea sencilla en estos tiempos. Había crisis en el mercado de la magia. Pocos magos quedaban desde el descubrimiento de la pólvora, pues era más sencillo construir que encontrar fuentes de poder mágico. Pero no, no le gustaban los soldados. Los magos siempre fueron más elegantes desde su punto de vista, y todo conocedor de la magia arcana sabe que no puedes comparar una cosa con la otra. Buscaba la perfección. La perfección le obsesionaba. Pero no la perfección que podemos entender tu y yo, sino otro tipo de perfección...
Sonaron las trompetas, y tras un largo sueño reparador de heridas comprendió que era la hora de bajar al mundo real.  Algo importante ocurría para que convocasen su presencia estando el rey en la sala de abajo. Últimamente todo el mundo estaba muy ausente en palacio.
Así que cogió una túnica negra sencilla, con bordados dorados en los bajos de la más fina tela que pueda existir y descendió por la escalera de caracol. Tras recorrer una infinidad de pasillos llegó al salón de reuniones y allí estaba su padre, solo, callado y tranquilo, como siempre. Solo hablaba cuando tenía que hacerlo. Se levantó del trono y con una voz seca, pronunció:
- Han bombardeado más minas en la parte norte de Darrash.

Silencio angustioso. Eran malas noticias, desde luego, pero tenía la cabeza en otra cosa.
- Eso no puede ser, llevan tres en menos de dos meses. ¿Aún no sabes quiénes son los autores?
- No. Pero creemos que el Rey de Tradh tiene algo que ver con esto.
- Matadle, no sé porque tu ejercito aún no ha puesto un pie en sus tierras. Si esperas más será demasiado tarde. Tres han caído, ¿cuántas más deben caer? No tenemos mucho tiempo para recuperarnos del bajón de poder y cada vez se hacen más fuertes.
- Aún no es el momento.
- Y ¿Cuándo lo es? ¿Cuando estemos todos muertos tal vez?...
El rey sabía su postura inquebrantable, pero no conocía los verdaderos motivos de su hijo y de donde venía tanta ira, no le enseñó a odiar. Quizás lo que el rey siempre quiso fue que careciera de sentimientos. Pero no llego nunca a tal extremo. No fue un gran proyecto de futuro porque no sabía controlarle. Su futuro rey era un auténtico desconocido para él, y dentro de poco, todo lo que él había creado estaría en sus manos. En parte creía que su hijo sabía que nadie le conocía. Lo cual hacia todo más fácil para todos. Siempre sería el mayor arma jamás creada sobre la faz de esta tierra y el joven, lo sabía.
Enfadado y con una expresión de rabia en su cara, salió de la sala de reuniones, cruzó todos los pasillos chocando con todos los vasallos sin ni siquiera verles, y fue hacia la salida secreta que había junto a las mazmorras. ¡Qué estúpido era tener una salida junto a las mazmorras! Pero gracias a eso podía salir al mundo exterior.
Las heridas de la noche anterior aún le dolían, pero era capaz de resistir el dolor que le producía su rutina o droga para ir a aquel lugar tan misterioso. Un lugar que le dolía en el alma, porque no soportaba tanto calor, pero le atrapaba.
En Eöl la gente no estaba acostumbrada al calor y cuando la temperatura ascendía un poco, era muy incómodo. 

 Avanzó hasta un jardín lleno de fresas en la más profunda oscuridad y guardó unas cuantas en un bolsillo de su túnica. Cogió una entre los dedos y la miró. Había duda en su mirada.
Posteriormente, se aventuró en el bosque y tras una media hora caminando, llego a un remanso sin árboles, pero de un verde increíble. Luciérnagas y demás insectos alados se posaban en las rocas grisáceas del lago, totalmente cristalino. A su lado, una especie de edificación cuadriculada parecida a una iglesia ancestral parecía tener brillo propio. Ya dolía, pero le estaban esperando como todos los días...

Así lo dijo Merche Owl a las 12:59 5 Comentarios  

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